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Potencial pedagógico de la Gramática Cognitiva.
Pautas para la elaboración
de una
gramática pedagógica de español
/
LE
ALEJANDRO CASTAÑEDA CASTRO
Dpto. de
Lingüística General
Universidad de Granada
acastro@ugr.es
En el presente artículo nos proponemos llamar la atención sobre algunas
de las ventajas que, a nuestro juicio, conlleva la Gramática Cognitiva
(Langacker 1987, 1991, 1994, 2000, 2001) como modelo descriptivo a partir
del cual desarrollar versiones adaptadas a la enseñanza de una lengua
extranjera. Procuraremos ilustrar dichas virtudes y posibilidades para
el caso de la enseñanza / aprendizaje del español como lengua extranjera.
1. VENTAJAS DE LA GRAMÁTICA COGNITIVA PARA EL DESARROLLO DE UNA GRAMÁTICA
PEDAGÓGICA
La visión
del lenguaje que ofrece la Gramática Cognitiva resulta, frente a otras
corrientes de pensamiento lingüístico, especialmente productiva en el ámbito
de la enseñanza / aprendizaje de lenguas extranjeras por varias razones.
La primera
de esas razones destaca por su alcance y radicalidad: se trata de la idea de
que en la lengua se reconocen exclusivamente relaciones simbólicas,
asociaciones convencionales entre significantes y significados. Toda forma
(léxica, morfológica o sintáctica) está asociada a algún significado, que, a
su vez, adopta la condición de estructura conceptual, más o menos compleja o
más o menos abstracta. En la mayoría de los casos, además, se reconoce la
dimensión representacional básica de muchos signos lingüísticos, lo cual
permite otorgar a los recursos lingüísticos un valor simbólico especialmente
fácil de asimilar, de aprehender y de integrar con otras formas de
representación.
Por otra
parte, la gramática cognitiva se distingue de otros modelos por hacer hincapié
en el hecho de que, en gran medida, con los signos lingüísticos se expresan
distinciones que tienen carácter de concepción, de perspectiva, de imagen que
sirve para estructurar con formas alternativas una misma escena. Este modelo
hace hincapié en el hecho de que muchas estructuras lingüísticas se distinguen
más por ofrecer una configuración representacional distinta de una misma
situación concebida que por corresponder a diferencias factuales o reducibles
a condiciones de verdad. Para ilustrar esta idea, pensemos en las versiones a)
y b) de una misma situación objetiva que representan las siguientes
alternativas léxicas, morfológicas o gramaticales:
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Versión (a) |
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Versión (b) |
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La carta
fue escrita por el secretario.
Juan
recibió el regalo de Pedro.
El
teléfono está encima de la revista.
Fijé mi
atención en la chica.
He traído
la comida
Laura
abrió la carta con las tijeras.
El niño
rompió el vaso.
Queda un
poco de papel.
Esta
mañana fui al dentista.
En el
último minuto Cidane marcó el gol de la victoria
Hay una
muralla desde el río hasta la carretera. |
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El
secretario escribió la carta.
Pedro le
dio el regalo a Juan.
La revista
está debajo del teléfono.
La chica
llamó mi atención.
Yo he
traído la comida
Laura
abrió con las tijeras la carta.
El vaso se
rompió.
Queda poco
papel.
Esta
mañana he ido al dentista.
En el
último minuto Cidane marcaba el gol de la victoria
Hay una
muralla desde la carretera hasta el río. |
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En todos
estos casos advertimos que la misma situación referida puede ser concebida
lingüísticamente con configuraciones alternativas y en relación con
dimensiones de selección diferentes: concepciones metafóricas distintas (Fijé
mi atención en la chica / La chica llamó mi atención); perspectivas
variadas (El teléfono está encima de la revista / La revista está debajo
del teléfono; Juan recibió el regalo de Pedro / Pedro le dio el regalo
a Juan; El secretario escribió la carta / La carta fue escrita por el
secretario); formas alternativas de percepción secuencial (Hay una
muralla desde el río hasta la carretera / Hay una muralla desde la carretera
hasta el río); percepciones perfectivas o imperfectivas de un mismo
proceso (En el último minuto Cidane marcó el gol de la victoria / En el
último minuto Cidane marcaba el gol de la victoria); mayor o menor alcance
de la representación (El niño rompió el vaso / El vaso se rompió);
énfasis o focalización en distintos aspectos de lo representado (Queda poco
papel / Queda un poco de papel; Laura abrió la carta con las tijeras /
Laura abrió con las tijeras la carta; Yo he traído la comida / He traído la
comida), etc.
Las
alternativas gramaticales, que en otras corrientes se reducen a opciones
formales desvinculadas del significado, en este modelo no dejan de entenderse
como portadoras de significado. Dicho significado no se define tanto por
condiciones objetivas o factuales distintas sino por formas de percepción
distintas de una misma situación. La puesta en evidencia de esa condición
"figurativa" del lenguaje permite abordar el problema de la adaptación
pedagógica de las descripciones gramaticales desde una posición aventajada. Es
fácil prever esas circunstancias favorecedoras:
a)
El carácter "imaginístico" de la representación lingüística permite
establecer paralelismos con principios generales
de
percepción y con otras formas de representación (la gráfica, por ejemplo)
intuitivamente aprehensibles por hablantes de otras lenguas en un grado muy
notable debido a su indiscutible naturaleza icónica.
b)
Por
otra parte, la posibilidad de reconocer la capacidad de las lenguas para
construir representaciones alternativas de una misma situación objetiva
permite a la gramática cognitiva dar cuenta no sólo del valor básico de los
recursos gramaticales sino también explicar de forma coherente los usos
discursivos de esas distinciones puesto que en gran parte tales usos están
basados en distinciones de perspectiva de representación.
c)
Por último, conviene destacar que
el estudio
de los modos de percepción de la realidad que reflejan las distintas formas
lingüísticas y que lleva a cabo la gramática cognitiva puede ayudarnos,
asimismo, a explicar las diferencias culturales y las distintas visiones del
mundo sobre la mismas bases conceptuales y metodológicas que dan cuenta de las
diferencias entre los sistemas gramaticales materno y meta (Kövecses, 2003;
Langacker, 1994; Palmer, 1996; Pütz, 1997; Wierzbicka, 1991). Esta
circunstancia puede ayudar a que los estudiantes capten las peculiaridades
lingüísticas de la lengua objeto de aprendizaje y la idiosincrasia cultural de
la comunidad que la habla así como su relación con la lengua y cultura
maternas.
Por otro
lado, la gramática cognitiva no sólo supone una visión alternativa de la
naturaleza del conocimiento lingüístico sino también de la forma en que los
hablantes disponen de ese conocimiento, lo usan y lo adquieren (Vid.,
por ejemplo, Kellerman, 2000). Esa visión, de clara orientación funcional,
está en consonancia con las corrientes comunicativas de la metodología actual
y puede contribuir a reforzar su fundamentación teórica (Achard y Niemeier,
2002; Pütz, Niemeier, Dirven (eds.), 2001). Claro exponente de esa consonancia
es, por ejemplo, el concepto de unidad lingüística que se propone en la
Gramática Cognitiva. Se entiende como unidad una rutina cognitiva
suficientemente reforzada como para poder llevarse a cabo de forma automática.
Otro índice de esa consonancia es la clara vocación del modelo de proponer una
gramática basada en el uso: las pautas de conducta lingüística más abstractas
surgen por procesos de abstracción y categorización a partir del
reconocimiento, en eventos de uso particulares y recurrentes, de aspectos
comunes con los que se construyen patrones cada vez más abstractos o
esquemáticos.
Directamente vinculada con esa noción emergente de la gramática se encuentra
otro aspecto de enorme relevancia para la confección de gramáticas
pedagógicas: la concepción de las categorías lingüísticas como categorías
complejas describibles en niveles de abstracción y generalidad diferentes
puesto que son representadas y resultan accesibles a los hablantes mediante
distintos procesos cognitivos. No son triviales las consecuencias que ello
supone a la hora de tender vínculos entre la teoría lingüística y los enfoques
metodológicos que persiguen promover la adquisición de dominio y fluidez en el
acceso a recursos lingüísticos en los diferentes contextos de uso. El
conocimiento lingüístico es sobre todo disponibilidad inmediata de conjuntos
innumerables de unidades
-rutinas
de procesamiento-
que pueden darse en niveles de abstracción muy diferentes: en relación con una
misma forma o estructura lingüística, puede disponerse de modelos
constructivos muy abstractos o esquemáticos pero también de rutinas
estrechamente vinculadas a circunstancias discursivas o pragmáticas
particulares, e igualmente se puede contar con cadenas que se representan
holísticamente a la vez que con patrones para montar expresiones complejas
mediante un esfuerzo constructivo que requiere su control analítico. Por
ejemplo, podemos disponer de una representación específica y holística de la
expresión vale por la que asociamos la secuencia en conjunto a una
función pragmático-discursiva concreta (‘expresar acuerdo o aceptación’), pero
eso no impide que también dispongamos de una representación analítica de la
misma, que se active en determinadas circunstancias y en la que de forma más
compleja accedemos al valor más abstracto y
elaborado
que presupone reconocer en vale la tercera persona de singular de
presente de indicativo del verbo valer. La importancia de la
alternancia de distintas representaciones o formas de conocimiento se ha
puesto en evidencia por autores de distintos ámbitos de estudio: lingüística (Givon,
1989), adquisición de segundas lenguas (Pawley
y Hodgedts, 1983; Skehan, 1998), psicología cognitiva (Anderson,
1983).
La idea de
la gramática cognitiva de no presuponer la disponibilidad de reglas generales
sino la existencia de unidades simbólicas que pueden generarse a partir de
usos prototípicos y establecerse en niveles de abstracción distintos, entraña
precisamente la flexibilidad que se requiere para elaborar una gramática
pedagógica y que se reflejará en la posibilidad de acometer la descripción de
las estructuras en distintos grados de abstracción y generalidad.
Detengamos
un momento en la forma en que Langacker (1987: 377-386) concibe la relación
entre valores prototípicos y otros más abstractos o esquemáticos. Para
Langacker las categorías lingüísticas son categorías complejas típicamente
polisémicas, los significados de los signos deben concebirse como redes
conceptuales en las que se establecen dos tipos de conexiones entre unos
nódulos y otros. Por un lado, se dan relaciones de elaboración por las
que se constatan relaciones de hiperonimia / hiponimia, es decir, entre un
concepto específico y otro más general y abstracto cuyas especificaciones son
cumplidas exhaustivamente en el concepto específico. Esta es la relación
existente entre el concepto de árbol y los conceptos de cerezo,
olivo, roble, castaño, etc. Se entiende que árbol
reúne los rasgos comunes compartidos por las especies concretas de árbol.
Ahora bien, en una red también se da otro tipo de relación de categorización a
la que Langacker (Ibid.) llama de extensión de uso:
con este otro tipo
un determinado concepto es usado para categorizar otro concepto que no cumple
todas las especificaciones relevantes del primero. Ese sería el caso, por
ejemplo, si usamos el concepto de árbol para categorizar el de
palmera. Muchos de los rasgos que sirven para definir la categoría
prototípica de árbol no se reconocen en el caso de la palmera
(hojas, ramas, forma, etc.). Sin embargo, hay suficientes aspectos compartidos
por la palmera y otras especies en las que reconocemos ejemplares típicos de
árbol como para sancionar esa categorización. Pues bien, a partir de este
nuevo vínculo, puede generarse, en la medida en que el uso reiterado de la
categorización así lo motive, un nuevo concepto de árbol, más abstracto
que el anterior (árbol’) y que surja a partir de la constatación de los
rasgos compartidos por el concepto previamente establecido de árbol y el de
palmera. A este nuevo concepto más abstracto Langacker lo llama esquema,
y mantiene una relación de elaboración con los conceptos de árbol y de
palmera. La estructura conceptual descrita se representa en la Figura 1 (las
flechas de trazo continuo representan relaciones de elaboración o esquemáticas
y las flechas de trazo discontinuo representan relaciones de extensión). |
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Debemos
destacar de esta visión de las redes conceptuales varios aspectos
fundamentales: en primer lugar, se establece un nivel de abstracción
fundamental o básico que tiene carácter central y cuya relevancia cognitiva
(su nivel de accesibilidad y activación) es mayor que los otros. Ese es el
nivel que corresponde en el ejemplo al concepto prototípico de árbol. En
segundo lugar, los valores más esquemáticos (como el de árbol’) se generan
desde los más específicos mediante cancelación de diferencias y reconocimiento
de aspectos comunes. Surgen, por tanto, del uso reiterado de los más concretos
y de su vinculación recurrente en experiencias particulares, por lo que no
deben presuponerse necesariamente. En tercer lugar, la visión que surge de
esta concepción de las categorías lingüísticas es la de redes complejas con
una organización dinámica pero coherente en las que se reconocen niveles de
abstracción distintos que pueden ser accesibles en distinta medida y
en distintas
circunstancias.
Estas redes,
además, se suponen no sólo para las unidades léxicas sino también para las
categorías gramaticales, además de las fonológicas. Por ejemplo, podemos
suponer una trama de este tipo entre los valores vinculados al pasado
cronológico de los morfemas de pasado, los valores vinculados a los usos de
ficción o contrafactuales, y un valor genérico o esquemático que reúne los
rasgos compartidos por los otros usos más específicos y que se correspondería
a la idea de
"distancia
de la realidad presente"
o de "no
actualidad".
En esa concepción los valores vinculados al pasado cronológico real ocuparían
la posición del prototipo, los valores relativos a mundos ficticios, irreales
o alternativos a la realidad presente actual surgirían por extensión del valor
prototípico de pasado y el valor genérico de
"no
actualidad"
como abstracción esquemática de los otros dos. Así se muestra en la Figura 2. |
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En esta
configuración, aunque el valor genérico reconocible en todos los usos es el de
no actualidad, el valor prototípico y central, en torno al cual se monta la
red de valores, es el de pasado cronológico.
Disponer
de distintas formas de representación de las categorías lingüísticas
(esquemas, prototipos, descripciones parciales preventivas de errores,
aproximaciones analizadas u holísticas, cargadas o enriquecidas de valores
discursivos o pragmáticos o reducidas a una caracterización mínimamente
distintiva o discriminativa con significados más abstractos, etc.) resultará
de enorme utilidad a la hora de decidir qué
aproximación debemos aplicar para cada situación y objetivo didáctico. Una
descripción no exclusivamente genérica y simple del valor de una forma no
tiene por qué ser menos operativa, productiva o relevante desde el punto de
vista del uso. Lo cual no supone renunciar de antemano a la posibilidad de
reunir en una sola descripción generalidad, aprehensibilidad intuitiva y
operatividad. Lo más conveniente será, por tanto, que exista la mayor variedad
de descripciones en esas distintas alternativas para permitir una integración
lo más adecuada posible a la situación docente concreta en que se encuentren
los usuarios.
En
ocasiones, por tanto, encontrar una descripción generalizable a todos los
casos, defendible desde el punto de vista de la concepción coherente del
sistema, puede trasladarse a su presentación pedagógica pero en otras no puede
reflejarse de forma directa aunque sirva para fundar otras decisiones
pedagógicas a largo plazo. Veamos algunos ejemplos.
Podemos
decantarnos entre varias aproximaciones para presentar la función del
artículo definido frente a la del indefinido: |
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En este
caso parece haber más argumentos para optar por la opción D. La opción A
introduce nociones difíciles de asimilar. La idea de deíctico abstracto es
congruente con el punto de vista cognitivista pero difícil de captar de forma
intuitiva. La opción B insiste en un rasgo esencial, quizá distintivo, del
artículo definido: la unicidad, pero esa aproximación se complica cuando no
sólo tenemos en cuenta la definición del artículo definido sino también la del
indefinido. Será difícil distinguir ‘uno’ de ‘único’ cuando se introduce esta
oposición en niveles iniciales. La opción C es insuficiente para explicar los
casos donde el uso del definido no exige mención previa. La opción D parece la
más adecuada porque señala dos rasgos correlacionados con la deixis abstracta
pero fácilmente asimilables por su naturaleza funcional: identificación y
unicidad (entre todos los demás). Además, en D, a diferencia de A y B se
presenta una relación entre indefinido y definido más simétrica en términos de
oposición marcado/no marcado.
Otro
ejemplo interesante lo proporciona la distinción entre sujeto y
objeto directo. Estas podrían ser dos aproximaciones a la cuestión: |
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Hay
descripciones que atienden sólo a los casos prototípicos y en rigor pueden ser
poco generalizables, pero a veces conviene describir los casos prototípicos
porque la generalización válida es demasiado abstracta, difícilmente
representable psicológicamente y útil quizá para dar cuenta de regularidades
computacionales estadísticas pero no para ayudar a construir una
representación fenomenológica que ayude a comprender la idiosincrasia de una
lengua a un alumno, sobre todo cuando presumiblemente se cuente con que el
mismo alumno parte de una noción intuitiva universal sobre dicha noción
lingüística. Eso es lo que seguramente pasa con la comprensión de la
estructura transitiva,
tan necesaria para poder usar adecuadamente los pronombres átonos de
complemento. Puede que la noción de sujeto y complemento directo se expliquen
adecuadamente a partir de las nociones abstractas de figura y elemento de
referencia de la escena descrita en una oración pero esta definición es muy
poco asimilable y poco operativa tal cual. En este caso es preferible basarse
en una noción prototípica de la transitividad donde se presente al sujeto como
agente promotor o causante de una acción, al objeto directo como objeto que
sufre un cambio de estado por la acción iniciada por el sujeto y al objeto
indirecto como experimentante, beneficiario o destino de esa acción. La
descripción es parcial pero mucho más útil pedagógicamente para inducir la
comprensión del fenómeno lingüístico en cuestión a un no especialista.
Un tercer ejemplo puede constituirlo la cuestión de la
presencia del pronombre personal sujeto.
Posibles aproximaciones:
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La
presencia de los pronombres personales sujeto no parece ser más que una forma
redundante de llamar la atención sobre el sujeto de una oración, de
subrayarlo, un tipo de énfasis, en definitiva; pero esta descripción, que es
coherente con una aproximación cognitivista de la lengua, resultaría tal cual
muy poco informativa, puesto que más allá de esa caracterización simple, el
verdadero rendimiento discursivo de esos pronombres personales sujeto se
asocia al contraste del sujeto explícito con otros posibles elementos
presentes de alguna manera en el contexto y que podrían ser el sujeto. De
hecho, decir que el pronombre personal sujeto es redundante en relación con la
desinencia verbal sería contraproducente porque puede que en determinada fase
del aprendizaje un estudiante optara por no usarlo nunca o bien por asegurarse
la comprensión de los demás diciéndolo siempre aun a riesgo de resultar
redundante. De hecho, lo que suele ocurrir es que el pronombre personal
aparece siempre en las primeras fases porque esa redundancia permite al
aprendiz arreglárselas sin dominar la morfología verbal.
Consideremos, por último, el caso de la oposición imperfecto / indefinido
para la que podríamos disponer de estas dos descripciones:
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En
ocasiones el reconocimiento de ciertos valores discursivos típicos con los que
se asocia una forma no puede servir de pivote para su explicación porque
dichos valores resultan confusos, equívocos, poco fiables y meramente
eventuales. Mucho menos asimilables y operativos que su descripción
representativa más abstracta. Eso es lo que puede ocurrir con la descripción
del imperfecto como tiempo reservado a la expresión de circunstancias o
contextos que sirven de fondo a los acontecimientos expresados en indefinido:
por una parte, el indefinido puede aludir a hechos que deben entenderse como
circunstancia: Cuando estuve en Madrid fui a un montón de museos, y el
imperfecto, por su lado, puede aludir a lo que no puede entenderse sino como
hecho principal de la narración: Abrí la carta y la leí. Decía que era el
heredero universal de un tío multimillonario. En el caso de la oposición
imperfecto / indefinido parece mucho más fiable recurrir a la oposición
aspectual terminativo / no terminativo, un valor más fiable, desde el que se
pueden entender usos discursivos concretos y que tiene un carácter
representacional fácilmente asimilable (Vid. Castañeda y Ortega 2001).
2. INSTRUMENTOS CONCEPTUALES OFRECIDOS POR LA GRAMÁTICA COGNITIVA PARA EL
DESARROLLO DE DESCRIPCIONES GRAMATICALES PEDAGÓGICAS
En nuestra
opinión, por tanto, la perspectiva langackariana
permitirá disponer de una serie de conceptos teóricos muy útiles para elaborar
descripciones pedagógicas. Destacamos a continuación algunos de esos
instrumentos que procuramos ejemplificar para la distinción entre estructura
transitiva y medial:
2.1. DESCRIPCIONES MULTIDIMENSIONALES
Existe la
posibilidad de una descripción de los recursos lingüísticos en
distintos niveles de abstracción (esquemáticos o prototípicos, analíticos
u holísticos) y en distintos niveles funcionales (ideativos,
interpersonales y discursivos) a partir de la consideración, propia de la
Gramática Cognitiva, de los signos lingüísticos como categorías complejas.
Será importante tener en cuenta que los niveles de abstracción suelen
correlacionarse con los niveles funcionales,
de manera que los niveles más abstractos suelen corresponderse a valores
ideativos o representativos y los más concretos a los discursivos e
interpersonales.
Por
ejemplo, consideremos el caso de la distinción entre las estructuras
transitiva y medial representadas por los ejemplos (1) y (2):
(1) El
niño rompió el vaso
y (2)
El vaso se rompió.
En estos
ejemplos la oposición de dos configuraciones sintácticas tiene consecuencias
en distintos ámbitos funcionales. Siguiendo la distinción de Halliday (1973):
En el
nivel ideativo o representativo:
Por un
lado, puesto que hay un cambio de sujeto, estaríamos ante un cambio de
perspectiva. Ese es el valor otorgado a la categoría de sujeto en la gramática
cognitiva. En (1) se habla de lo que hace el niño mientras que en (2) se habla
de lo que le pasa al vaso. El valor genérico otorgado a la categoría sujeto
es el de figura en relación con el fondo determinado por el resto de
participantes relacionados con el proceso descrito por el verbo.
En el
nivel interpersonal:
Además, en
(2) la posición sintáctica que ocuparía el niño, la de complemento agente,
permite que podamos prescindir de su mención sin dejar huella sintáctica
alguna y eso puede tener cierto rendimiento pragmático: dejar de mencionar al
agente o al responsable de una acción puede en muchos casos responder a alguna
motivación interpersonal como, por ejemplo, la de no cargar con la
responsabilidad de una acción reprochable a nadie, evitando el riesgo de dañar
su imagen pública.
En el
nivel discursivo:
También la
función discursiva puede estar implicada en la selección de sujeto: suele ser
sujeto algo o alguien ya mencionado previamente que es o forma parte del tema
del que venimos comentando cosas en el discurso precedente. Compárese El
niño dio un golpe con el cucharón y rompió el vaso con El vaso
cayó al suelo y se rompió.
2.2. MODELOS COGNITIVOS IDEALIZADOS
De
especial relevancia resulta ser el concepto de modelo cognitivo idealizado
como estructura mental compleja de carácter esquemático en relación con la
cual interpretamos de forma coherente nuestras experiencias. Por ejemplo,
podemos suponer que disponemos de modelos cognitivos complejos sobre el
devenir de los estados, los procesos y las acciones, sobre su generación, su
vigencia y su terminación, sus condiciones dinámicas de transición, la forma
en que los objetos están implicados en dichos procesos, etc. Pues bien, al
elegir un tipo de verbo transitivo o intransitivo o un morfema temporal u otro
seleccionamos algunos aspectos de esos modelos complejos y silenciamos o
hacemos abstracción de otros, sin que ello suponga descartarlos para la
interpretación de lo que decimos. Fijamos nuestra atención en algún aspecto de
la realidad evocada, escogemos un ángulo, ampliamos el ámbito de lo designado,
etc. pero no dejamos de considerar el resto de las condiciones que se incluyen
en nuestro modelo de la realidad.
En
relación con los ejemplos (1) y (2),
un mismo modelo cognitivo subyacente, el que corresponde a acciones donde una
transferencia de energía inducida por algún agente provoca un cambio de estado
en otro objeto, es representado con configuraciones lingüísticas alternativas
(Alguien rompe algo / Algo se rompe) que llaman la atención sobre
distintos aspectos del mismo: además del cambio de perspectiva (en un caso el
sujeto es el agente y en otro el sujeto es el paciente), mientras que romper
designa una acción que incluye la referencia tanto al objeto que cambia de
estado (objeto paciente) como al objeto que provoca ese cambio de estado
(sujeto agente), romperse sólo designa un objeto que cambia de estado sin
aludir al objeto que provoca ese cambio de estado. El alcance de la
representación en romper es mayor que en romperse.
Son
modelos cognitivos idealizados, por ejemplo, los referidos a la relación
espacial de inclusión de los objetos, a la interacción mediante contacto
físico y a la transferencia de energía de los objetos en los planos espacial y
temporal, o los concernientes a las trayectorias que siguen los objetos en sus
desplazamientos desde un punto inicial a otro final, o los modelos epistémicos
que configuran nuestra concepción de la realidad y su evolución a través del
tiempo desde el pasado hacia el futuro, etc. Tales configuraciones
conceptuales básicas en muchos casos sirven para comprender dominios más
elaborados o abstractos (relaciones personales y sociales, estructuras
conceptuales abstractas, realidades discursivas, experiencias perceptivas o
emocionales, etc.). Debemos insistir en que los signos lingüísticos suelen
distinguirse u oponerse sutilmente entre sí porque a partir de un único modelo
latente o presupuesto se designan unos aspectos u otros, se construyen
representaciones con más o menos alcance, desde unas perspectivas u otras,
realzando unos elemento u otros, o con niveles de especificación mayores o
menores. Las preposiciones, por ejemplo, pueden distinguirse en su valor
espacial prototípico por designar distintos aspectos de los que intervienen en
el modelo cognitivo idealizado de trayectorias (Vid. Cuenca y Hilferty,
1999).
2.3. PERFIL Y BASE
De origen
perceptivo, la distinción entre perfil y base nos resulta
tan productiva desde el punto de vista descriptivo como rentable en cuanto su
aplicación pedagógica. Según la concepción de Langacker (1987: 183-189), en el
significado de las expresiones conviene distinguir lo propiamente designado
por la expresión (su perfil) del ámbito dimensional y relacional
que sirve de fondo necesariamente presupuesto por dicha designación y al que
Langacker (ibid.) llama base.
Por ejemplo, un conjunto de puntos puede ser considerado una línea recta
teniendo en cuenta sólo la disposición ordenada de unos respecto de otros y si
adoptamos como base exclusivamente el espacio no ordenado inmediato, pero ese
mismo conjunto de puntos puede ser un radio si se considera como base
el ámbito mayor de la circunferencia de la que puede formar parte. Asimismo,
un ángulo, en el ámbito de un objeto tridimensional en el que se localiza,
puede concebirse como rincón, en referencia a su lado cóncavo, es
decir, tomando como base el espacio interior del objeto, o como esquina,
en referencia a su lado convexo, es decir, tomando como base el espacio
externo circundante al objeto. La familia es la base sobre la que se designan
relaciones de parentesco como tío, abuelo o hermano; la
mano es la base respecto de la cual se designa un dedo; la constelación
de participantes que se ven implicados en una acción es la base presupuesta
por un verbo transitivo.
En relación con los ejemplos (1) y (2), romperse se distingue de
romper porque, mientras que el agente está designado en este último,
sólo forma parte de la base en el primero, ya que romperse sólo designa
el proceso por el que pasa el paciente.
La
selección de una base y un perfil determinados para configurar el significado
de una expresión explica la existencia de opciones de representación si
tenemos en cuenta que, a partir de un mismo modelo cognitivo idealizado
sobre la conducta en ciertas circunstancias de cierto tipo de objetos, podemos
seleccionar distintos aspectos del mismo para constituir la base y el perfil
de una expresión con la que poder captar una imagen de dicho modelo, un
aspecto de la interrelación de los componentes que lo constituyen.
2.4. IMAGEN LINGÜÍSTICA
Muchas
distinciones lingüísticas que se resisten a una descripción basada en
condiciones de verdad pueden ser explicadas como percepciones o imágenes
lingüísticas distintas de una misma realidad. Se habla del mismo estado de
cosas, de los mismos objetos, pero desde distintas perspectivas, situándolos
respecto de dimensiones y espacios de localización y actualización diferentes,
definiendo un ámbito u otro como referencia o base respecto de la cual
entender la designación del signo, seleccionando unos aspectos u otros como
objeto de nuestra designación (perfil), estableciendo énfasis en unos
aspectos u otros de los perfilados o designados por el signo, perfilando los
objetos y sus relaciones con mayor o menor grado de detalle. En la imagen
lingüística que construyamos de una escena no sólo escogemos una perspectiva
sino también decidimos qué elementos o facetas de esa escena mencionamos o en
cierto modo iluminamos con los signos lingüísticos y qué otros dejamos, por
así decirlo, a la sombra. Y la mención de unos aspectos y no de otros puede
deberse no sólo a que no percibamos esos otros aspectos sino a que queramos
hacer abstracción de ellos. Esta dimensión de la función representativa puede
ser útil para aclarar algunos rincones especialmente oscuros de nuestra
gramática.
Por
ejemplo, podemos decir El vaso se rompió porque no hemos reconocido
ninguna fuerza o agente que haya provocado ese cambio de estado o simplemente
porque no queremos prestar atención en esa acción más que al cambio de estado
que sufre el vaso, independientemente de que sepamos quién lo ha causado.
2.5. MODELOS IDEALIZADOS SUBYACENTES Y DERIVACIÓN DE SENTIDOS
La
coherencia de la descripción debe tener presente la generación de efectos de
sentido a partir de la intervención de procesos inferenciales que conectan
significados básicos con efectos de sentido. Dichos efectos de
sentido surge de la integración de los significados en diversos contextos o de
su conexión con distintos modelos idealizados subyacentes. Creemos de enorme
utilidad, por ejemplo, tener en cuenta la intervención de implicaturas
generalizadas de cantidad (Grice, 1975).
Por
ejemplo, el hecho de que en determinadas circunstancias contextuales la
secuencia El vaso se rompió se interprete como ‘El vaso se rompió solo’
viene dado por el siguiente proceso inferencial: la idea de que no se conoce
intervención de agente alguno se deduce del hecho de que no se menciona ningún
agente y del supuesto de que si se conociera ese dato se habría facilitado. En
rigor, sin embargo, como hemos señalado antes, dejar de mencionar el agente no
significa que no esté presente en la situación concebida.
El valor
explicativo de las implicaturas generalizadas de cantidad encaja en este
modelo para dar cuenta de los sentidos implicados que surjan a partir de la
elección de una forma menos específica a cambio de otra más específica.
2.6. EXTENSIONES METAFÓRICAS Y METONÍMICAS A PARTIR DE LOS USOS ESTABLECIDOS
La
distinción de grados de prototipicidad de los distintos usos y la
identificación de las relaciones metafóricas o metonímicas que pueden
servir para vincular unos a otros es esencial para un modelo basado en el uso
y que atiende
al
desarrollo orgánico natural del conocimiento lingüístico. Al igual que ocurre
en el léxico, la gramática cognitiva reconoce la implicación generalizada de
los procesos metafóricos y metonímicos en el establecimiento de usos y valores
de las formas y estructuras de la gramática.
Por
ejemplo, en el caso de los pronombres reflexivos, podemos establecer una
escala de mayor a menor prototipicidad que puede ilustrarse en los usos
típicamente reflexivos, los usos intransitivizadores o mediales y los usos
asociados a verbos de movimiento. La gramática cognitiva admite sin problemas
la posibilidad de explicar esa gradación a partir de una especie de
encadenamiento metonímico (Vid figura 3): |
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2.7. SUBJETIVIZACIÓN
En la
conceptualización se reconoce no sólo el objeto concebido sino el sujeto que
concibe. La imagen que nos hacemos de una determinada situación dependerá en
gran medida de la forma en que la posición y la experiencia del sujeto que
percibe o concibe se refleja en esa imagen. Pues bien, una importante fuente
de variación en la representación lingüística depende del proceso de
subjetivización (Langacker 1987: 128-132). Ésta se da cuando aspectos propios
de la escena objetiva concebida se reinterpretan, metafórica o metonímicamente,
en relación con el sujeto que concibe. Podemos ejemplificar esta noción con
los dos usos del verbo elevar que se ejemplifican en los enunciados
analizados por Langacker (1987: 262-263) y que traemos aquí como (3) y (4):
(3) Los
globos se elevan lentamente.
(4) La
colina se eleva suavemente.
En (4) la
elevación no alude en realidad, como en (3) a un movimiento ascendente del
objeto concebido (la colina) sino al movimiento subjetivo del sujeto
que percibe y cuya vista recorre, elevándose, los distintos puntos de la
pendiente de la colina. Un cambio objetivo a través del tiempo concebido es
sustituido por un rastreo subjetivo a través del tiempo de procesamiento.
Los dos
sentidos que tiene elevar en estas frases se representan en la Figura 4
(a) y 4 (b). |
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Este
proceso puede servir para dar explicación a muchos usos de formas gramaticales
cuyo valor se transfiere del ámbito objetivo al subjetivo. Por ejemplo, la
preposición por llegaría a designar relación de causa a partir
de su valor prototípico o básico de trayecto mediante este proceso de
subjetivización: la designación de un lugar a través del cual pasamos para
llegar a otro da paso a la designación de una idea a través de la cual pasamos
para llegar a otra idea, una acción o una decisión. Cuando la idea que sirve
de trayecto se refiere a una acción futura a la que se anticipa mentalmente el
sujeto la coincidencia referencial con para esta servida.
Le ha
comprado un regalo por su cumpleaños.
Le ha
comprado un regalo para su cumpleaños.
Mientras
que para señala un destino al que se orienta intencionalmente una idea,
un objeto o una acción, por indica la idea, que puede corresponderse
con un destino final pretendido, por la que el sujeto se ha movido mentalmente
para llegar a una decisión o a una acción. Dos imágenes conceptuales para una
misma situación objetiva que pueden representarse icónicamente en las Figuras
5 (a) y 5 (b). |
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3. DESCRIPCIONES PLURIDIMENSIONALES DE BASE COGNITIVA
Los
instrumentos conceptuales comentados en el apartado 2., entre otros, pueden
aplicarse para obtener descripciones pluridimensionales de las
distintas formas y estructuras.
Una
descripción prototípica pluridimensional contendría al menos las siguientes
caracterizaciones:
3.1. Una descripción del nivel
representativo de carácter básico más abstracto o esquemático.
Por
ejemplo: Los pronombres reflexivos con valor medial expresan
indeterminación de agente.
3.2. Una versión descriptiva que atienda a los
casos prototípicos.
Por
ejemplo: Los pronombres reflexivos con valor medial expresan cambios de
estado que se producen sin intervención de agente externo.
3.3. Una representación gráfica del
valor representativo básico del recurso estudiado. Las nociones de
perspectiva, alcance, realce, figura y fondo, que la Gramática Cognitiva usa
sistemáticamente en la descripción gramatical, pueden hallar un correlato
gráfico fácilmente interpretable por su carácter icónico. La gramática
cognitiva ha desarrollado todo un sistema de representación esquemática y
ofrece muchas claves interesantes para resolver problemas de representación
gráfica pero que deben, sin embargo, en muchos casos adaptarse
pedagógicamente.
Por
ejemplo, los esquemas predicativos a los que corresponden estructuras como
El chico ha encendido la tele con el mando a distancia, El mando a
distancia ha encendido la tele o La tele se ha encendido son
representados por Langacker (1991: 333) como se indica en las Figuras 6
(a)-(c). |
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Los
círculos representan los objetos que intervienen en la interacción descrita.
Las flechas dobles
representan, a
su vez,
la
transferencia de energía, la interacción entre unos
y
otros. De
derecha a izquierda corresponderían al agente (el chico), el
instrumento (el mando a distancia) (cuyo carácter opcional se
representa mediante línea discontinua), y el objeto paciente (la tele),
que sufre un cambio de estado debido a la interacción descrita. Ese proceso
sufrido por el paciente (la tele) e inducido por su relación con los otros
objetos es representado por la flecha interior. Adviértase que las tres formas
de representar el proceso remiten al mismo modelo de interacción: una
transferencia de energía en cadena con un elemento que inicia el proceso y un
elemento final al que alcanza esa reacción en cadena. Ahora bien, la
diferencia entre las tres representaciones tiene que ver con cuáles de esos
participantes en la interacción transitiva son designados explícitamente (los
que aparecen con un trazo grueso más oscuro) y cuáles quedan a la sombra de la
base o de los aspectos del modelo no representados (los que aparecen en trazo
gris más atenuado). Las tres oraciones se diferencian por el alcance de su
representación. La primera oración es la de mayor alcance: todos los
participantes y sus interacciones son designados explícitamente. Hacer
abstracción del agente supone escoger como sujeto al siguiente elemento de la
cadena (el instrumento): se representa la interacción entre los dos
participantes finales. Es la situación descrita por la oración El mando a
distancia ha encendido la tele. Hacer abstracción también de la
intervención del instrumento y designar exclusivamente al elemento paciente y
el cambio de estado por el que pasa nos conduce a la tercera opción (La
tele se ha encendido),
que en español queda señalada explícitamente mediante el uso del se
medial.
Esta
representación resulta abstracta, como corresponde a su cometido descriptivo,
y por ello mismo pedagógicamente opaca. No obstante,
contiene el potencial para que sea adaptada de manera que la idea fundamental
de alcance de la representación, tan productiva en nuestra opinión,
quede plasmada de forma más intuitiva. Aquí no se trata de encontrar un
diagrama de alcance general sino de hacer comprender. La ilustración, por
tanto, puede ser mucho más específica pues su función es la de ilustrar
intuitivamente un concepto.
Considérese la adaptación que muestran las Figuras 7 (a)-(d) para el caso de
El chico eleva la pelota y las correspondientes variantes. |
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Igualmente, gran parte de lo comentado con anterioridad sobre la distinción
entre romper / romperse puede quedar sugerido de forma integral
en ilustraciones como las de las Figuras 8 (a)-(b). |
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Los
distintos niveles de abstracción pueden verse reflejados, así pues, en
representaciones gráficas, cada cual con una función didáctica distinta.
Con objeto
de ilustrar la capacidad descriptiva de la idea de alcance de
representación como noción con la que distinguir categorías lingüísticas
que remiten a una misma base o a un mismo modelo cognitivo pero que designan
más o menos aspectos de una u otro, consideremos la posibilidad de abordar la
distinción imperfecto / indefinido. Entendemos que en la gramática
cognitiva (Vid. por ejemplo, Langacker 2001) se encuentran nuevas
razones para revalidar la concepción aspectual de esta distinción (Alarcos
Llorach, 1994). Según ésta, la percepción perfectiva o terminativa del
indefinido se opone a la imperfectiva o no terminativa del imperfecto. Esta
distinción se entiende, sobre la base de las nociones aludidas, de la
siguiente forma: el imperfecto designa un tramo interno del proceso descrito
en el que se hace abstracción de su fase inicial y de su término: designamos
una fase de transición, de límites indeterminados, entre el estado inicial y
final del proceso. Con el indefinido, por el contrario, designamos el
transcurso completo del proceso desde su estado inicial a su estado final. Su
designación resulta de mayor alcance, por tanto, más abarcadora, pues,
respecto de lo designado por el imperfecto. Las figuras 9 (a)-(b) muestran la
representación esquemática de la distinción a partir de las convenciones
usadas por Langacker (1991: 251). |
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De
forma más icónica y figurativa podrían elaborarse representaciones donde las
transiciones desde estados iniciales hasta estados finales quedaran ilustradas
de forma más patente: con la alusión a las consecuencias derivadas de la
constatación explícita del término del proceso en la designación del morfema
de indefinido. La representación es menos precisa respecto de la definición de
partida pero pedagógicamente mucho más fácilmente reconocible (Vid. Figuras 10
(a)-(b). |
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3.4. UNA CARACTERIZACIÓN DE LAS CONDICIONES DISCURSIVAS MÁS HABITUALES
Por
ejemplo: Con los pronombres reflexivos en función medial situamos al
paciente de un proceso en la situación discursivamente especial de sujeto y
con ello prototípicamente en la función de tema.
3.5. VALORES PRAGMÁTICOS ASOCIADOS A CIERTOS CONTEXTOS INTERPERSONALES
Por
ejemplo: Cuando por alguna razón no queremos identificar al sujeto o
responsable de una acción usamos los pronombres reflexivos en función medial.
3.6. ESPECIFICACIÓN DE PROCESOS INFERENCIALES QUE EXPLIQUEN LA RELACIÓN
ENTRE VALORES PRAGMÁTICOS Y DISCURSIVOS CON VALORES REPRESENTATIVOS
Por
ejemplo: Si no especificamos el agente damos a entender que no hemos podido
determinarlo pero podemos dejar de mencionarlo porque no nos interese hacerlo.
3.7. IDENTIFICACIÓN DE LAS VENTAJAS PEDAGÓGICAS DE CADA UNA DE
LAS ESPECIFICACIONES CONSIDERADAS
Por
ejemplo: El valor genérico y suficientemente distintivo de una forma (no
marcada) puede ser descrito mínimamente atendiendo a su falta de
especificación en relación a cierto rasgo que sí está presente en otra forma
en relación a la cual se define (marcada). Ahora bien, definir una forma en
términos negativos no es muy informativo ni pedagógico. Así, por ejemplo,
podemos entender el se medial (El vaso se rompió) diciendo que no
informa sobre el agente (definición esquemática) pero en ocasiones puede ser
más operativo describirlo como una forma que nos informa de que un objeto ha
cambiado de estado solo, por sí mismo, sin intervención de un agente externo (La
puerta se ha cerrado. La pista se borrará, etc.) (definición
prototípica).
Tener a
nuestra disposición descripciones multidimensionales como la que hemos
elaborado como ejemplo para el se medial nos permitirá adaptarnos a
diferentes situaciones docentes, escogiendo, según las necesidades,
aproximaciones de un tipo u otro.
4. RECAPITULACIÓN
En las
líneas que preceden hemos intentado poner de relieve el potencial pedagógico
que encierra la Gramática Cognitiva de cara a la enseñanza de segundas lenguas
y en particular del español como lengua extranjera. La forma en que dicho
modelo concibe el lenguaje, las estructuras que lo conforman, su adquisición,
su desarrollo en tanto que conocimiento, nos resulta especialmente apta para
las condiciones de aplicación propias de la enseñanza y aprendizaje de una
lengua extranjera. En particular, hemos intentado mostrar la adecuación y
rentabilidad del modelo a la hora de desarrollar descripciones gramaticales
pedagógicas. Hemos apuntado la forma en que tales descripciones pueden
desarrollarse a la luz de nociones tales como el carácter complejo de las
categorías lingüísticas -y, por tanto, de la posibilidad y conveniencia de
descripciones multidimensionales de los distintos recursos; la naturaleza
"imaginística" de la representación lingüística; la distinción de planos de
representación en el significado de los signos (como de
los de
base
y perfil), con los que se establecen contrastes sutiles entre formas o
estructuras alternativas; los procesos de subjetivización; o la manera en que
los modelos cognitivos idealizados pueden interactuar con procesos
inferenciales discursivos con los que generar efectos de sentido concretos.
5. REFERENCIAS
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presentación de la oposición imperfecto/indefinido en el aula de
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Número Monográfico dedicado a "Tendencias y líneas de investigación en
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